domingo, 30 de marzo de 2008

La muerte



La muerte,
Una serie de sucesos inconexos
Que confluyen.
Eso
¿Eso?
Ni más ni menos.
¿Pero qué es eso?
La eternidad,
Mi eternidad,
Tu eternidad,
El deseo oculto e irreprochable
El silencio absoluto
La calma imperturbable
La atemporalidad
En fin, la eternidad,
La muerte


Lucía Alegria (12/06)

domingo, 23 de marzo de 2008

Fragmentos


Un espejo roto
con mi imagen en mil pedazos
desde que tu mirada me perdió
y tus palabras me engañaron;
tu amor, oscuro y traicionero,
desató el roce
del papel y la pluma


Lucía Alegria (5/07)

domingo, 16 de marzo de 2008

15-03-2008

Estaba en el sillón pensando, jugaba con el aparato ese que damos en llamar celular para matar el tiempo, luego de haber pasado unas horas idiotizándome con el televisor y leyendo el diario –que, dicho sea de paso, no traía prácticamente ninguna noticia que valiera la pena-. Es que últimamente venía con un estado anímico que no me permitía hacer otra cosa que alienarme con trivialidades. En eso, decidí hacer algo para salirme de la inercia y monotonía absoluta de mi día. Y dije ¿qué otra cosa puedo hacer que sentarme a escribir?, por lo menos puedo aprovechar este ánimo para algo productivo. Claro que no sabía qué podía llegar a salir de mí en este momento. Entonces, pensé que podría excederme en mis extensión habitual de poesía y escribir algo, no se, más largo, semi-hilado…Tal vez una especie de relato corto, sí, eso podría ser. Soy consciente de que, probablemente esto se va a limitar a un recorrido por mis pensamientos, en un intento de ser escritos. Cabe aclarar que no es tan fácil seguir el hilo de pensamientos de manera coherente sobre un papel (en este caso un teclado y un monitor).
Llegó el momento de plantearme qué estilo me sentaría mejor, pensé en Dostoievsky; no se me ocurriría encarar la odisea de escribir algo como “Los hermanos Karamazov” o “Crimen y Castigo”, más bien pensaba en algo estilo “Memorias del Subsuelo”. ¿O me quedaría algo más absurdo, algo kafkiano quizás? Después me acordé de mi querido Macedonio Fernández que, además, fue quien me ayudó a encontrar mi estilo de poesía; y me acordé de un relato donde decía, en otras palabras, que era mejor distraer al lector, distraerlo con anécdotas que quizás nada tengan que ver con la historia principal, que él prefería perder al lector en sus divagues mentales; lo cual me había parecido genial. Creo que eso le da al relato, cuento, poesía, o el género que más le plazca, un extra. Le permite a uno sentir que podría estar escribiéndolo o que es uno el que está perdiéndose en el sinfín de corrientes de pensamientos que cruzan el principal…en realidad, ¿es posible determinar un pensamiento principal en nuestros “razonamientos”? Tantas son las veces que empiezo a formar algo en mi cabeza y me voy por miles de tangentes a partir de él; incluso me pasa que después de desarrollar una o varias tangentes mentales, no recuerdo ya en qué se originó todo. Y supongo que, como no soy original en muchas cosas, tampoco lo soy en eso. Por eso, se me ocurría que, si bien es una lectura confusa, es algo con lo que prácticamente todos nos podemos identificar.
A todo esto, me percaté de que, en realidad, no tiene mucho sentido pensar en un estilo determinado, porque, al fin y al cabo, va a salir lo que salga más allá de lo que me plantee al empezar a escribir. Yo creo que las cosas se van formando y resolviendo a la medida que escribimos. Me costaría mucho hacer un planteo inicial y seguirlo durante un tiempo largo, y escribir todo en base a dicha idea central. Está claro que no sirvo para escribir novelas, ni nada de una extensión considerable, al menos por ahora.
Entonces, teniendo claro todo esto, se peguntarán cómo sigue esto, y yo misma me lo estaba cuestionando. Creo que puede que haya llegado a una especie de “bache” que voy a tener que averiguar como esquivar, o si ya caí en el, salir. Tal vez, la forma sería peguntarme y, sacarles la duda de porqué viviendo en una ciudad con tantas cosas para hacer yo estoy en esta inercia y monotonía que les describía al principio. Y la verdad es que ni yo lo se, sólo se que es un círculo vicioso, donde una vez que entré no puedo salir, a no ser que alguien me lo imponga desde afuera. Que no tengo nada que hacer, entonces no me dan ganas de hacer nada y etc. Y paso de eso a no tener ya tiempo para hacer nada, que la facultad, que el trabajo, que el saxo, que el piano…Por lo menos parece que a partir de lunes no voy a tener tanto tiempo para sentir que no hago nada. Eso me alivia y me preocupa pero no, no quiero entrar en ese tema, es demasiado incierto.
Llegué a una nueva página, increíble. Espero no leer esto en unos días y pensar “qué basura”, igual sirvió para poner mi atención en algo, para sentir que uso mi intelecto de alguna forma, digamos, para no achancharme completamente. En definitiva, más allá de la difusión y aceptación de los demás y de uno mismo que tenga lo escrito, si en el momento sirvió, ya cumplió su función. Lo demás son bonus, puntos extras. Que es lindo, no hay duda, pero es todo tan subjetivo, que no vale la pena desilusionarse si algo no tiene la llegada que uno espera. Será cuestión de ver si mi divague fue lo suficientemente atrayente como para que alguien haya llegado hasta acá, ya sea para terminar y decir qué cagada, qué bueno, qué interesante o, al menos, que lime que tiene ésta. Pero que se leyó, se leyó. Me basta con eso.

Lucía Alegria

domingo, 9 de marzo de 2008

Buenos Aires



El aire viciado
de una calle cerrada
con luces cenicientas
y miradas perdidas

De pronto se encuentran
y forman blancas sonrisas
diluyendo el sopor



Lucía Alegria(2/07)

lunes, 3 de marzo de 2008

La pena de muerte



Fui lapidada por adúltera. Mi esposo, que tenía manceba en casa y fuera de ella, arrojó la primera piedra, autorizado por los doctores de la ley y a la vista de mis hijos.
Me arrojaron a los leones por profesar una religión diferente a la del Estado.
Fui condenada a la hoguera, culpable de tener tratos con el demonio encarnado en mi pobre cuzco negro, y por ser portadora de un lunar en la espalda, estigma demoníaco.
Fui descuartizado por rebelarme contra la autoridad colonial.
Fui condenado a la horca por encabezar una rebelión de siervos hambrientos. Mi señor era el brazo de la justicia.
Fui quemado vivo por sostener teoría heréticas, merced de un contubernio católico-protestante.
Fui enviada ala guillotina porque mis camaradas revolucionarios consideraron aberrante que propusiera incluir los Derechos de la mujer entre los Derechos del Hombre.
Me fusilaron en medio de la pampa, a causa de una interna de unitarios.
Me fusilaron encinta, junto con mi amante sacerdote, a causa de una interna de federales.
Me suicidaron por escribir poesía burguesa y decadente.Fui enviado a la silla eléctrica a los veinte años de mi edad, sin tiempo de arrepentirme o convertirme en un hombre de bien, como suele decirse de los embriones en el claustro materno.
Me arrearon a la cámara de gas por pertenecer a un pueblo distinto al de los verdugos.
Me condenaron de facto por imprimir libelos subversivos, arrojándome semivivo a una fosa común.
A lo largo de la historia, hombres doctos o brutales supieron con certeza qué delito merecía la pena capital. Siempre supieron que yo, no otro, era el culpable. Jamás dudaron de que el castigo era ejemplar.
Cada vez que se alude a este escarmiento la Humanidad retrocede en cuatro patas.

María Elena Walsh (12/09/1991)




Hoy tomo este espacio para citar a una gran mujer, para compartir las palabras de una de las personas que constituye un ejemplo de vida para mí. Por que algún día espero poder hacer sentir a alguien lo que sentí hoy al leer este texto que encontré. Porque espero poder decir, con tanta poesía, algo tan significativo.