domingo, 16 de marzo de 2008

15-03-2008

Estaba en el sillón pensando, jugaba con el aparato ese que damos en llamar celular para matar el tiempo, luego de haber pasado unas horas idiotizándome con el televisor y leyendo el diario –que, dicho sea de paso, no traía prácticamente ninguna noticia que valiera la pena-. Es que últimamente venía con un estado anímico que no me permitía hacer otra cosa que alienarme con trivialidades. En eso, decidí hacer algo para salirme de la inercia y monotonía absoluta de mi día. Y dije ¿qué otra cosa puedo hacer que sentarme a escribir?, por lo menos puedo aprovechar este ánimo para algo productivo. Claro que no sabía qué podía llegar a salir de mí en este momento. Entonces, pensé que podría excederme en mis extensión habitual de poesía y escribir algo, no se, más largo, semi-hilado…Tal vez una especie de relato corto, sí, eso podría ser. Soy consciente de que, probablemente esto se va a limitar a un recorrido por mis pensamientos, en un intento de ser escritos. Cabe aclarar que no es tan fácil seguir el hilo de pensamientos de manera coherente sobre un papel (en este caso un teclado y un monitor).
Llegó el momento de plantearme qué estilo me sentaría mejor, pensé en Dostoievsky; no se me ocurriría encarar la odisea de escribir algo como “Los hermanos Karamazov” o “Crimen y Castigo”, más bien pensaba en algo estilo “Memorias del Subsuelo”. ¿O me quedaría algo más absurdo, algo kafkiano quizás? Después me acordé de mi querido Macedonio Fernández que, además, fue quien me ayudó a encontrar mi estilo de poesía; y me acordé de un relato donde decía, en otras palabras, que era mejor distraer al lector, distraerlo con anécdotas que quizás nada tengan que ver con la historia principal, que él prefería perder al lector en sus divagues mentales; lo cual me había parecido genial. Creo que eso le da al relato, cuento, poesía, o el género que más le plazca, un extra. Le permite a uno sentir que podría estar escribiéndolo o que es uno el que está perdiéndose en el sinfín de corrientes de pensamientos que cruzan el principal…en realidad, ¿es posible determinar un pensamiento principal en nuestros “razonamientos”? Tantas son las veces que empiezo a formar algo en mi cabeza y me voy por miles de tangentes a partir de él; incluso me pasa que después de desarrollar una o varias tangentes mentales, no recuerdo ya en qué se originó todo. Y supongo que, como no soy original en muchas cosas, tampoco lo soy en eso. Por eso, se me ocurría que, si bien es una lectura confusa, es algo con lo que prácticamente todos nos podemos identificar.
A todo esto, me percaté de que, en realidad, no tiene mucho sentido pensar en un estilo determinado, porque, al fin y al cabo, va a salir lo que salga más allá de lo que me plantee al empezar a escribir. Yo creo que las cosas se van formando y resolviendo a la medida que escribimos. Me costaría mucho hacer un planteo inicial y seguirlo durante un tiempo largo, y escribir todo en base a dicha idea central. Está claro que no sirvo para escribir novelas, ni nada de una extensión considerable, al menos por ahora.
Entonces, teniendo claro todo esto, se peguntarán cómo sigue esto, y yo misma me lo estaba cuestionando. Creo que puede que haya llegado a una especie de “bache” que voy a tener que averiguar como esquivar, o si ya caí en el, salir. Tal vez, la forma sería peguntarme y, sacarles la duda de porqué viviendo en una ciudad con tantas cosas para hacer yo estoy en esta inercia y monotonía que les describía al principio. Y la verdad es que ni yo lo se, sólo se que es un círculo vicioso, donde una vez que entré no puedo salir, a no ser que alguien me lo imponga desde afuera. Que no tengo nada que hacer, entonces no me dan ganas de hacer nada y etc. Y paso de eso a no tener ya tiempo para hacer nada, que la facultad, que el trabajo, que el saxo, que el piano…Por lo menos parece que a partir de lunes no voy a tener tanto tiempo para sentir que no hago nada. Eso me alivia y me preocupa pero no, no quiero entrar en ese tema, es demasiado incierto.
Llegué a una nueva página, increíble. Espero no leer esto en unos días y pensar “qué basura”, igual sirvió para poner mi atención en algo, para sentir que uso mi intelecto de alguna forma, digamos, para no achancharme completamente. En definitiva, más allá de la difusión y aceptación de los demás y de uno mismo que tenga lo escrito, si en el momento sirvió, ya cumplió su función. Lo demás son bonus, puntos extras. Que es lindo, no hay duda, pero es todo tan subjetivo, que no vale la pena desilusionarse si algo no tiene la llegada que uno espera. Será cuestión de ver si mi divague fue lo suficientemente atrayente como para que alguien haya llegado hasta acá, ya sea para terminar y decir qué cagada, qué bueno, qué interesante o, al menos, que lime que tiene ésta. Pero que se leyó, se leyó. Me basta con eso.

Lucía Alegria