Me parece que estoy en un sueño y nunca me despierto. Ayer me caí entre dos baldosas y aparecí en un firulí de colores con un concorte de ojos verdes. Hoy, en cambio iba por la calle pensando qué cosa rara soñé ayer y de repente plaf! a un charco de esos que quedan después de que llueve y uno siempre pisa; me puse a conversar con una ballena, bastante interesante la charla, por cierto. Más bien fue un monólogo (de la ballena), parece que habitualmente no tiene compañía, o eso me dijo. Yo le expliqué que, en realidad, no podía salir asique me llevó hasta la orilla más cercana y yo con mucho gusto ascendí a la superficie. Ahí me encontré con un par de curcos, también muy amigables, pero ya no me acuerdo de qué hablamos ni cómo salí de ahí. Sí me acuerdo que gustaban amaestrar jirafas, una práctica que suele ser difícil, pero ellos lo disfrutan mucho. Y entre tristris y tuntunes volví para acá, sin muchas ganas de volver a lo cotidiano y tener conversaciones que más que tristris son bleh y a nadie le divierten. Y la gente insiste con el farfulaá y el pumpum, ya me tienen harta, no les vendría mal entrar un día por acá. Parece que en los sueños uno se encuentra con personajes muy interesantes que, además, tienen más onda que la gente de verdad. A no ser, claro, que la gente de verdad sea un sueño y los personajes la realidad. Nunca se sabe.
Lucía Alegria (07/08)
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